Jorge Blanco es un carismático artista nacido en Venezuela en 1945. Cuando aun estaba en la escuela secundaria, tuvo su primer contacto con el mundo del arte y fueron las figuras geométricas y colores del pintor abstracto Auguste Herbin que inspiraron a Blanco a estudiar arte. “Todos los niños son artistas,–dice– solo que algunos continuamos dibujando de adultos”.

A pesar de haber estudiado diseño industrial en el Instituto Neumann de Diseño en Caracas (1971), influencia aparente en su trabajo en la actualidad, la mayoría de sus profesores eran artistas con la clara instrucción de enseñar diseño. Un profesor en particular, Cornelius Zitman, lo inspira a que complete sus estudios en bellas artes y no fue hasta mediados de los años 70 que Blanco se matricula en la Academia de Bellas Artes en Roma, Italia.

Las primeras etapas como escultor produjeron piezas realistas, oscuras e intensas, representando la represión, tortura y opresión. Es difícil reconocer a este joven artista revolucionario en las obras que hoy han dado a conocer a Blanco. Es en su siguiente etapa donde florece y su verdadero ser es expuesto.

Blanco deja Roma en 1979 para lo que pensaba sería una corta visita a Venezuela. Le habían ofrecido ilustrar un periódico para niños en Caracas y durante su estancia en Italia ya había desarrollado una idea para una tira cómica que pronto publicaría. En esta época, lo contratan como director de arte del Museo del Niño de Caracas (Ciencia, Arte y Tecnología), lo cual posterga su total dedicación a la escultura.

En 1980 nació “El Náufrago” y casi instantáneamente se convierte en un gran éxito, con ventas de merchandising, libros y cruzando la barrera a la televisión. Fue publicado en los más importantes diarios de la capital venezolana. Un total de siete libros han sido editados recopilando las historietas. Actualmente se publica en USA, en los periódicos del “Observer Group”, en el estado de la Florida.

Con el éxito de “El Náufrago” y el trabajo en el museo, Blanco se sumerge en Caracas y muy a su pesar pone de lado su pasión: la escultura.

A final de los años 80, recupera sus herramientas y el escultor Jorge Blanco vuelve a nacer, ahora con un tono más ligero, humorístico y colorido. Fue como si estuviera esculpiendo por primera vez. Su trabajo refleja, dicho por el, “la belleza y la alegría que hay en mundo”.

En 1996, Blanco instala cuatro esculturas en Tokio, Japón; tres formaban parte de una comisión del Centro Contemporáneo de Esculturas y el otro está en un centro comercial en Tokio. 1997 trae “Maratón” a Caracas, una pieza compuesta por un trio de esculturas en una vital autopista de la ciudad. Con estos proyectos, Blanco descubre su verdadera pasión por el arte público y redirige su obra para aportar al desarrollo económico y cultural en nuestras comunidades, a su vez, haciendo el arte accesible a todos.

Desde 1999 vive y trabaja en la costa oeste del estado de la Florida, USA. Jorge ha sido destacado en la revista Florida International como uno de los individuos creativos que convierten a la Florida en un destino de potencial ilimitado. Sus esfuerzos en arte público continúan con fuerza con trece esculturas instaladas en nueve ciudades en Estados Unidos y recientemente en Uruguay.

En los últimos 36 años Blanco ha desarrollado carreras distinguidas como escultor, diseñador gráfico, humorista e ilustrador. “El Náufrago” estará para siempre en los corazones de los afortunados de haberse reído con el, pero sobretodo es en su fuerza como escultor que Blanco a dejado su marca, agraciando nuestros espacios abiertos con su humor, color y formas geométricas, recordándonos que el arte puede deleitar y enriquecer nuestras vidas.

 
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